miércoles, 7 de noviembre de 2012

Detalles innecesarios

Cuando entra en la tienda no le reconoce. Es curioso, pero hasta ese momento Marcos no cae en la cuenta de que, a pesar de lo mucho que oyó hablar de él, jamás supo qué aspecto tenía Álex.

El visitante le enseña una fotografía que le hace estremecerse de alegría y tristeza al mismo tiempo. En la instantánea, sonríe a cámara mientras rodea con su brazo a la última mujer a la que ha amado y a la que nunca pudo besar.

Álex, visiblemente nervioso, parece desesperado por una explicación. Le pregunta si tenía una aventura con Anabel. Pero no lo hace en tono acusatorio o con rabia. En su voz sólo se percibe el dolor de quien necesita una respuesta para encontrar un poco de paz.

Marcos, entonces, le cuenta la verdad. Cómo Anabel acudió a él porque quería grabarle un video sorpresa  a su novio para su cumpleaños.

Omite hablar de sus sentimientos hacia ella y del hecho de que un día estuvieron a punto de besarse. A fin de cuentas, esos detalles carecen de importancia y no cambian nada. Anabel amaba a Álex y eligió seguir a su lado. Hablar de lo que pudo o no ocurrir sólo traerá dolor a todos los implicados, y por tanto no merece la pena sacar el tema.

Marcos es una buena persona que se vio envuelta en una historia que le superaba. Le dolió perder a la mujer que quería, lloró al saber que había muerto. No quiere ni imaginarse lo terrible que tiene que haber sido la situación para Álex. Por eso su simpatía hacia él es sincera.

Le entrega las cintas que grabó Anabel. Tanto las originales como las copias que tantas veces reprodujo en su ordenador. Le parece lo correcto. Borrar el último detalle de su implicación en la historia, terminar con su propia obsesión. Es su último regalo para ella. Su tributo final.



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