lunes, 3 de marzo de 2014

8bis. Pensamientos tardíos

Siempre llegaba puntual. Era una de sus principales características definitorias. Si decía que estaría a una hora concreta, Álex cumplía su promesa sin excepción.

Para él, se trataba de un ejercicio de disciplina. Intentaba llevar una vida ordenada, seguir las normas, no faltar jamás a su palabra. Llevaba un absoluto control del tiempo. Horas, minutos y segundos. Hubiera podido pasear desnudo por la calle siempre y cuando le permitieran llevar un reloj en su muñeca. Hasta tal punto llegaba su dependencia.

En su opinión, era cuestión de responsabilidad. Odiaba la idea de retrasarse. Le hacía sentir un fraude, no le gustaba la idea de decepcionar a los demás. Reglas y normas como leyes supremas que uno jamás debe quebrantar.

Sin embargo, cuando dejó de salir con Kim, todos esos principios empezaron a resultarle algo tontos. Es decir, si se retrasaba en algo, ¿a quién iba a importarle? ¿No podía ser que fuera él mismo quien le diera demasiada importancia al asunto, presionándose en exceso?

Así que, sin caer en la irresponsabilidad, decidió comenzar a ser más flexible consigo mismo. A veces "un lunes" se convertía en un "martes o miércoles", si no se veía con fuerzas para cumplir el plazo pactado. Porque de repente vivir, en el sentido de hacer algo más que respirar, le parecía una prioridad muchísimo más importante que cumplir a rajatabla sus promesas.

Comenzó a pasear sin reloj. A darse más margen, ser indulgente consigo mismo. Priorizar sus actos, poniendo sus necesidades por delante de las de los demás. Quizás ese nuevo yo decepcionó a algunos, quizás ni siquiera lo notaron. Ni lo sabe ni le importa. Él se sentía más feliz y eso, en última instancia, era todo cuanto necesitaba.



domingo, 2 de marzo de 2014

7bis. Tres normas rotas

Álex siempre ha sido una persona excesivamente reflexiva. Sin embargo, cuando decidió dar un giro a su vida, se prometió que, al menos en tres ocasiones, haría lo contrario de lo que le dictara su pensamiento. Traicionaría a sus pálpitos y se dejaría llevar. Sólo por ver qué pasaba.

Desde el primer momento fue consciente de que este tipo de comportamientos, a la larga, traen más problemas que alegrías. Si no, todo el mundo actuaría así. Pero merecía la pena probar.

Cuando comunicó que pensaba irse unos meses a Londres, su amigo Nicola se ofreció a acogerle en el piso que compartía con otras tres personas. El primer instinto de Álex, por supuesto, fue negarse. Es una persona muy celosa de su intimidad y lo cierto es que, en ese momento, el dinero no era problema. Podía alquilarse su propio piso. No obstante, decidió aceptar.

La experiencia, todo sea dicho, no ha sido todo lo memorable que él hubiera deseado. Aún así, hizo algo inesperado. Ya sólo por eso, está convencido de que tomó la decisión correcta.

Cuando Nicola le invita a una fiesta con gente que no conoce, de nuevo se ve tentado a no aceptar. Nunca sabe cómo conectar con extraños, le pone nervioso. Pero como se supone que salir de la zona de confort forma parte del experimento, quebranta la regla por segunda vez.

Se divierte. Mucho más de lo que hubiera imaginado. Conoce a una chica, Lara, con la que congenia al instante. Tanto que al final de la noche, tras mucho coqueteo y algunos besos, ella le invita a acompañarla a su casa.

Álex jamás se acuesta con mujeres que acaba de conocer. Al menos hasta ahora. Porque tras pensarlo un momento, decide dejar de pensar y aceptar el ofrecimiento. Rompiendo otra de sus normas, escribiendo la primera página de una historia que dista mucho de haber llegado a su fin.

sábado, 1 de marzo de 2014

6bis. Palabras

- Nos pasamos la vida hablando - dice Álex, reflexivo - O callando. O dando vueltas a un tema, u ocultando lo que queremos decir. Teorizamos, damos rodeos, prometemos, verbalizamos, nos damos ánimos, nos desanimamos. Nos decimos que sí, que no, que quizás. Que es pronto, que es tarde. Y siempre, siempre, lo hacemos parado, desde la comodidad de un asiento.

"Medimos el tiempo como si fuera un recurso infinito con unas reglas inflexibles que no podemos quebrantar. En las películas, alargamos las situaciones hasta que por fin vamos al grano. En los libros, gastamos decenas de páginas en contar cosas que no nos interesan, como si fuera un requisito necesario para luego poder empezar a divertirnos".

"Demoramos el placer y no me lo explico. ¿Por qué lo hacemos? ¿Acaso nos da miedo dar el salto y empezar a vivir o es simplemente que nuestra lengua tiene más valor que nuestras piernas? ¿Por qué lo fiamos todo al mañana? ¿Por qué reflexionar es más importante que actuar, ser impulsivo?"

"¿Por qué no gusta más contar anécdotas antiguas que generar historias nuevas?"

"Llevo casi una semana en la que lo único que hago es hablar, sin que tampoco haya contado gran cosa. Sólo lo mismo, una y otra vez. Ya no estoy con Kim, la vida es complicada, todo es un sinsentido. Aburrido, aburrido, aburrido".

"Por eso creo que ha llegado el momento de dar las explicaciones a posteriori. Primero pensar, luego actuar. Y mucho más adelante, abrir la boca. Va a ser una gran aventura, pero no quiero hablar sobre lo que creo que va a ocurrir. Quiero vivirlo. Ya".

Termina la frase, se despide de Javi y de Toni y cruza la puerta de embarque. Y todo se pone finalmente en marcha.