jueves, 20 de diciembre de 2012

Comienzos titubeantes

Es difícil saber cuándo reparan en él por primera vez. Al principio es sólo una figura decorativa, un extra sin frase al que se han acostumbrado a reconocer pero que no significa nada para ellos.

Toni y Javi siempre lo ven en la cafetería, a la hora del almuerzo, comiendo solo en una mesa alejada. Parece alicaído, como si su soledad fuera una penitencia por algo que ha hecho. Y en el fondo así es. No ha pasado mucho desde lo de Julia y Álex aún se siente culpable por lo sucedido.

Tampoco es fácil explicar qué les lleva a invitarle a que se siente con ellos. No lo conocen, así que es imposible que sepan que luego se va a convertir en el alma del grupo. Y ninguno de los dos es especialmente sociable. Así que, por muchas vueltas que le den en el futuro, jamás llegarán a entender por qué decidieron actuar como lo hicieron.

En cualquier caso Álex empieza a comer con ellos. Al principio apenas habla. Pero poco a poco comienza a soltarse, a participar más en las conversaciones. De forma gradual y de un modo natural, su amistad va creciendo. Empieza a quedar con Javi y con Toni fuera de clase. Se convierte en el tercer mosquetero de una sociedad que, con el tiempo, se revelará como indisoluble.

Cuando hablan del pasado, los tres tienden a pensar que siempre han sido como son ahora. Que desde el principio Álex fue la pieza clave que mantenía unido al grupo. Pero eso no es cierto. En los primeros tiempos apenas era un esbozo de la persona en la que terminó convirtiéndose.

Solemos pensar que las cosas originarias son mejores y que, con el tiempo, todo se estropea. Pero si realmente nos fijáramos, nos daríamos cuenta de que en casi todo lo que hacemos nuestros comienzos son titubeantes. Damos pequeños pasos, a gatas, inseguros. Hasta que poco a poco adquirimos la confianza suficiente como para sentir que estamos cumpliendo nuestro destino.


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